lunes, noviembre 21, 2005

Ligero paseo por una historia demasiado pensada

Quiero pensar que ciertos encuentros, tal vez todos, no son casuales. Pienso que los reencuentros inesperados, menos lo son. Por algún motivo los caminos se vuelven a cruzar… no sé cuál.
¿La historia amerita ser escrita?. ¿Amerita tu persona presente en mis pensamientos que la dirija a ti?. A todo digo que sí, como a todo lo que se relaciona contigo. Digo que sí a verte, a pensarte, a hablarte aunque prácticamente no estás. Contigo la palabra “no” desparece de mi vocabulario.
Tal vez mi inestabilidad, tal vez tu ímpetu casi siempre reservado, tal vez la libertad de la cual cada uno se CREYÓ dueño… tal vez todo eso me permitió estar en esas circunstancias. “ME permitió”, recalco, porque ignoro que te pasó a ti… me arrepiento de no preguntártelo…
“Amigos simplemente amigos”. No me lo plantee así. Era así. Cómo podía ser de otra manera. Nuestras historias nos condenan, aparentemente nos limitan y por eso, para mi, eras un amigo. Pero tan ciega no estaba, cómo no escucharme al pensarte. Imposible. Cómo no escuchar tus miradas ni atender a tus gestos. No se pueden negar los sentimientos, aunque aún no sepa cuáles eran.
No me di cuenta como llegamos al momento en que el grupo se disipó y surgieron los encuentros entre los dos. No puedo ser tan mentirosa!!!... no me di cuenta pero lo deseaba. Me descubrí deseándolo. Complicada. Sorda a mis compromisos.
Al pensar en lo que viene cierro los ojos, los aprieto y digo “ayyyy”, con vergüenza, con alegría, con picardía… “ayyyy”, no quiero borrar esos instantes de mi mente pero aún hoy me cuesta digerirlos. Son frescos y, al mismo tiempo, lejanos… me alivia, me entristece, lo acepto.
Un almuerzo, una distancia deliberada de los demás. Tú y yo. Las cosas que no se dicen pero se sienten. Los deseos, los sentimientos. Al principio me sentí mal… me sentí arrepentida. Diferente a lo que conocía de mí. Vulnerable. Me atreví, contigo, por quien eres, por como eres, a ser cualquier cosa… a dejarme ser. A escuchar instintos. Me olvidé de las acusaciones, de las normas, de otras personas probablemente heridas o, al menos, decepcionadas. Me olvidé de todo. Si era el momento de verte nada podía evitarlo. Más allá de las obligaciones, las personas, los tiempos… ahí, en ese fondo, estabas tu… y yo.
¿Por qué las cosas son cómo son?. ¿Por qué no más o por qué no menos?. Yo sabía que me iban a pasar cosas. No sé que nombre reciben esas cosas… ¿engancharse?. No, me estoy negando a ponerle nombre a mis sentimientos. Son palabras innombrables.
No pude haberme imaginado tus gestos, tus excepciones, tus transgresiones a lo que al resto ya habías mostrado. No me las imaginé. No me imaginé el querer hacerme sentir bien. Menos me imaginé lo bien que lo pasábamos, las buenas conversaciones, la confianza para ser cada uno con el otro lo que realmente éramos. Incluso lo hablábamos… como amigos, aunque después fuéramos algo distinto a lo que se entiende por amigos.
Par de mentirosos… temerosos. ¿Qué nos creíamos?. Yo te sabía libre, con otras, con las que nunca conversaste como conmigo y eso me afirmaba, pero después sentía miedo de pasar a ser una más. La diferencia es que éramos amigos. Que enredo para mi. Enredo que arribaba en muy mal momento. Periodo de incertidumbres al que te sumaste tu. Cómo no hablar ni preguntar. No quería que se rompiera la magia y no tenía idea de lo que realmente me pasaba. Cercana a mis deseos, lejana a mis aprensiones.
Así, me desperté un día queriéndote. Pensando en la noche anterior… perdida en tus palabras, disuelta en una conversación. Admirada de tus pensamientos, asombrada de sentirme a gusto en tu totalidad. Reacia a la despedida, expectante al próximo encuentro.
Eso me pasó contigo. Se resume a jugar con fuego sin estar consciente de que me podía quemar o, dicho de otra manera, ignorando esa posibilidad.
No puedo explicar que pasó, qué ha pasado. Hace una semana me llamaste y ahí estuve. Ahí estuvimos todos. Como siempre. No hubo un después. Te dejé y recalcaste el “no te pierdas de nuevo”. ¿Eres tu o soy yo?. Ojalá fuéramos ambos. Ojalá estuviéramos aún en ese nivel en que encontrarnos era lo que tenía que ser. Se agregó mucho miedo a esta historia. Tal vez perdió la magia. Tal vez ni tu ni yo estamos preparados para vivir las historias que aterrizan a la realidad y abandonan esa magia. Tal vez sólo yo la sentí.
Obviamente ya me perdí. Te pude llamar, pero ya ni me atrevo. Atrás quedó esa parte mía que te buscaba sin miedo, porque no tenía nada que perder. Ahora me parece que sí. Temerosa, controlada, orgullosa… me puedo llamar a mi misma de cualquier forma, el hecho es que me cuesta. No quiero explicarme apelando a historias anteriores. Me refugio en otras pasiones diferentes, en mi, en descubrirme creciendo, sin embargo, eso no te omite de lo que pienso.
Me pregunto si a ratos pensarás en mi como yo en ti. No encuentro respuestas en mi. Pienso si para ti esto fue algo parecido a lo que fue para mi. Me pregunto si para ti "fue"… para mi parece que es... aunque no me acomode.

Tan, tan

2 Comments:

Blogger juandavid said...

dificil es ver en la mente de otros como diria Yoda, en fin a veces cuando mas me complico por ese tipo de cosas trato de simplificar al maximo y onda pensar "en realidad na es tan importante" quizas esa sea una buena idea para disfrutar del momento, xq los proximos encuentros son tan indeterminables que depender de ellos puede serpeor
Besos

10:26 AM  
Blogger Javier marea said...

Hola querida....miles de pensamientos a la vez....una ligera sensacion que se transforma en sabor y aroma......me gusta tu analizis fragmentado es que asi funciona una mente proactiva.,..je....besos Marea...

Y que decir del amor.....nadar sola hasta que te salgan escamas, volviendote sirena...reencarna tu femeneidad que hara que algun marinero o pirata sueñe con tu ser....contando historias, creando leyendas de ti......bye

11:18 AM  

Publicar un comentario

<< Home